Decididamente el
heredero al trono de Holanda ha formado una de las familias
más emblemáticas de la monarquía europea.
No sólo porque su esposa, Máxima Zorreguieta
(34), es una de las princesas más carismáticas,
sino, también, porque sus dos hermosas hijas, Amalia
(2 y medio) y Alexia (1) ya se han ganado el corazón
de todos. Las alegres imágenes de los momentos que
Guillermo Alejando de Orange Nassau (38) comparte con los
suyos, son el fiel reflejo de lo que significa la felicidad.
Y en ese sentido, en julio tienen una cita impostergable.
Porque cuando el calendario indica que ha llegado la mitad
del año, la familia real holandesa parte rumbo a sus
tradicionales vacaciones veraniegas, en Italia. Y como parte
de un rito, que se repite todos los años, se hospedan
junto a la reina Beatriz en “Rocco dei Dragoni”,
la mansión que los integrantes de la dinastía
Orange Nassau posee en las afueras de Florencia. Más
exactamente en la localidad de Tavernelle. Allí se
erige una casona de piedra rústica y ladrillo a la
vista, que para ellos significa un paraíso de relax.
Hace dos años, cuando Amalia tenía apenas siete
meses y, erróneamente, se rumoraba que Máxima
estaba nuevamente embarazada, los príncipes entablaron
un pacto con la prensa: Otorgarían bellas fotografías
familiares a los periodistas a cambio de que por el resto
de su receso estival los paparazzi no los acosen con sus lentes.
Lo que en aquella ocasión parecía ser una señal
de que el embarazo de la princesa era justificado, terminó
convirtiéndose en una costumbre, ya que desde entonces
el trato se renueva una y otra vez.
En esta oportunidad, los retratos para el recuerdo son de
insuperable belleza y clima de intimidad: Los príncipes
de sport, la reina luciendo una florida camisola de colores
y las pequeñas con vestidos color amarillo patito.
Con un radiante sol como marco y en combinación con
su rubio cabello, Alexia y Amalia parecían criaturas
creadas por el mejor de los artistas naïf. La mayor de
ellas cada día se parece más a su madre, mientras
que la menor conserva los rasgos propios de la dinastía
de los Orange.
Con esta estadía, la reina Beatriz completa una temporada
dedicada a sus nietas. Hace unos días fue a Bruselas
donde se encontró con su hijo, Constantino, y la mujer
de éste, Laurentien. Allí conoció a la
tercera hija del matrimonio, la recién nacida Leonore
Marie Irene. Continuando su periplo, luego la soberana se
dirigió a Londres donde también conoció
a su otra nieta, la condesa Zaira. El príncipe Friso,
Mabel Wisse y la hermana de la bebita, la condesa Luana, la
recibieron con los brazos abiertos. Tras haber vivido días
de afectos tan intensos y descansar junto al príncipe
Guillermo, la princesa Máxima y las princesitas Alexia
y Amalia, este no podía ser más que un broche
de oro.
El 26 de junio, Alexia, cumplió su primer añito
de vida, y lo celebraron informalmente en Villa Eikenhorst,
en Wassenaar. El príncipe no dejó de tomarles
fotografías a sus dos niñas e, involuntariamente,
se convirtió en el mejor paparazzo, ya que traspasaron
el límite de la intimidad y las fotos fueron difundidas.
En esa oportunidad las princesitas lucían atuendo rosa.
Como siempre, ambas coincidían en el color de su ropa.
Esto es lo que siempre soñó Máxima Zorreguieta,
pero jamás había imaginado que concretaría.
La princesa se educó en Buenos Aires, en el marco de
un estricto colegio inglés que la puso en contacto,
desde pequeña, con ciertos códigos de la vida
europea que hoy practica. Aunque ganó distinción,
elegancia y diplomacia desde que se adhirió a la vida
cortesana, Máxima no deja de tener un pasado de plebeya
que la vuelve más cercana y tangible a su pueblo. He
aquí una de las claves de su magnética personalidad
con la que ganó el reconocimiento del pueblo holandés
y cosechó el cariño de todos.
Casi sin darse cuenta se convirtió en una formadora
de tendencias. Su estilo se impuso en el mundo entero, y las
miradas de los diseñadores suelen apuntar a las formas
de los escotes que elige, el tipo de taco de sus zapatos y
el tamaño de las capelinas que usa, ya que tiene fieles
seguidoras que siempre la imitan.
Pero, además de su apariencia, Máxima inspira
valores. Un poco por la manera en que congenia su papel protocolar
con su vida maternal (buscando siempre el equilibrio y sin
descuidar ninguno de los aspectos), y otro tanto por la misión
social que se ha trazado en cuanto a su gestión pública.
Como economista, usó sus conocimientos académicos
y su popularidad para oficiar de embajadora de la ONU, en
la promoción de la política de microcréditos
que tiende a fomentar (mediante dinero y capacitación)
la generación de fuentes de empleo en los sectores
más carenciados de la sociedad. Una de estas misiones
la trajo nuevamente a la Argentina, su país natal.
Sin embargo, en esta etapa de vacaciones planea correrse un
poco del centro de la escena. Máxima disfruta mucho
las estadías que suele pasar en Tavernelle, pues allí
puede jugar con sus hijas sin la presión de las miradas
ajenas ni los compromisos de agenda. De manera que las bellas
imágenes que ha otorgado la familia real son también
el comienzo de unos días en los que nada se sabrá
de ellos, sólo que están disfrutando de la familia
que lograron construir.
Fotos Southern/Press |
Todos los años, al llegar julio, los Orange
Nassau se recluyen en la casona “Rocco dei Dragoni”, en una
localidad cercana a Florencia.
El 26 de junio, Alexia cumplió su primer añito.
La beba ya es dueña de un carácter bien definido, y dicen
que es mucho más pícara que su hermana.
En las últimas semanas la reina Beatriz ha
disfrutado mucho de sus nietos. En Bruselas conoció a Leonor,
su nueva nieta, y luego fue a Londres para compartir unos
días con las hijas del príncipe Friso. Ahora se dedica a Alexia
y Amalia.
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