Las ciudades son
escombros. Destrozadas por los misiles, las estructuras edilicias
se desgajan y muestran impúdicos interiores. La vida
se esconde por debajo de las calles, en refugios saturados
de miedo y ansiedad. La ofensiva israelita en el Líbano
produjo, en casi dos semanas, quinientos muertos. Jorge Lanata,
columnista del diario “Perfil”, viajó como
enviado especial a Oriente Medio. En la última edición
del periódico, el periodista analiza, explica y describe
un conflicto que alarma al mundo entero. En su crónica
del duodécimo día de guerra, detalla: “Más
de dos mil soldados israelíes, asistidos por una docena
de blindados, cruzaron ayer la frontera con el Líbano
desde que comenzó el conflicto. Ocuparon dos ciudades
libanesas, Muraahin y Marun al Aras, donde hubo fuertes combates
cuerpo a cuerpo con milicianos de Hezbollah. La aviación
israelí siguió bombardeando el sur del Líbano
y barrios de Beirut y Trípoli. Ya se fueron 20 mil
extranjeros del Líbano”. En su recorrido por
Naharía el periodista conversó con algunos de
los cientos de argentinos que se instalaron en Israel luego
de la crisis de 2001. Muchas de estas charlas se realizaron
en refugios privados —obligatoriamente, desde la Guerra
del Golfo, cada departamento que se construye debe tener un
cuarto de hormigón, con vidrios blindados— y
en los de uso público, donde pueden comer y dormir
hasta cuarenta personas.
“Las llamadas de las dos primeras sirenas nos dejaron
la comida a mitad de camino, entre la garganta y el miedo,
pero ya en las otras dos hacíamos bromas sobre los
bombardeos. Los seres humanos en general estamos locos. También
a las sirenas se acostumbra uno”, cuenta Lanata. Mientras
que en Beirut las embajadas de Gran Bretaña y los Estados
Unidos evacuaban a su personal, Lanata escribía en
Israel: “Termina el shabat y se abre la bandera de largada:
Las calles de Tel Aviv se embotellan, y los pubs y restaurantes
funcionan a pleno. La gente pasó el día en la
playa. El agua es agradable, tiene más de20 oC, y el
sol que en Naharía volvía más pesados
los ocho o diez kilos del chaleco antibalas aquí tuvo
un destino más cercano a la belleza que a la muerte.
Sólo la televisión, cada tanto, pasa alguna
noticia de lo que ocurre en el frente. El problema es que
el frente está a poco más de cien kilómetros.
Como si en Buenos Aires estuvieran bombardeando Chascomús”.
Fotos ARIEL JEROSOLINSKY/ DIARIO PERFIL |
El periodista viajó a Israel como enviado
especial del diario “Perfil”. Allí, analizó y describió la
guerra.
Como cualquier habitante de Naharía, Lanata
acudió a los refugios ante cada alarma. Ubicada a 20 kilómetros
de la frontera con el Líbano, esta ciudad es blanco favorito
de los misiles. Varios argentinos se radicaron allí en 2001.
También en Haifa, los misiles se convirtieron
en parte del paisaje urbano. Los Katiushas pesan 20 Kilos,
y Hezbollah los arroja desde camiones. |