De piel blanca,
ojos claros, shorts y camisetas holgadas, dos jóvenes
recorren con tranquilidad las pintorescas calles del barrio
de Palermo Hollywood. A simple vista, se las puede confundir
con dos turistas que decidieron visitar una de las ciudades
más atractivas de América del Sur. Lejos de
sus padres y de los episodios que suelen protagonizar en las
páginas de la prensa de su país, Jenna (25)
y Bárbara Bush (25) caminan de la mano del anonimato.
En Buenos Aires, las mellizas pasean con libertad, salen por
las noches y se comportan como dos desconocidas. Sin embargo,
el domingo 19, tras un par de semanas en el país, una
de ellas, Bárbara, se convierte en víctima de
un asalto. En ese momento, las dos jóvenes turistas
vuelven a ser las hijas del presidente de los Estados Unidos,
George Bush (60). El show de las “First Daughters”
—“primeras hijas”, en inglés, una
parodia al término “Primera Dama”—
ha comenzado.
Las mellizas ya estaban en la Argentina. Jenna llegó
el 6 de noviembre en un vuelo de American Airlines, proveniente
de Paraguay. Allí había trabajado en una fundación
en apoyo a causas sociales y se había desempeñado
como maestra para “adaptación de inmigrantes
hispanos”. Después de terminar su tarea social,
decidió visitar Buenos Aires junto a seis amigas y,
entre ellas, invitó a su hermana, quien llegó
a Ezeiza en un vuelo de Copa Airlines. Una semana antes de
la llegada de Bárbara, Jenna recorrió los bellos
paisajes del Sur argentino y uno de sus destinos fue El Calafate.
Rodeada por un intenso operativo de seguridad integrado por
agentes del servicio secreto de su país, la joven desfiló
sin ser reconocida por las calles sureñas. Una semana
después se encontró con Bárbara en Buenos
Aires y juntas recorrieron la ciudad. Dicen, incluso, que
en esos días Jenna se enamoró de un argentino.
A diferencia del acoso periodístico que viven en su
país, donde protagonizaron escándalos en los
que se las acusaba de comprar alcohol con documentación
falsificada, la Argentina resultó el lugar ideal para
sus travesuras. Sin embargo, su ansiado anonimato llegó
a su fin cuando Bárbara fue víctima de un asalto
en el barrio de San Telmo. La noticia recorrió el mundo.
El domingo 19, en Plaza Dorrego, la melliza fue robada por
un “carterista” que le sustrajo sus documentos,
un teléfono celular y tarjetas de crédito. A
partir de ese momento, las hijas de Bush se convirtieron en
una de las noticias de la semana. Una de las primeras medidas
fue abandonar el hotel boutique de la calle Bonpland donde
estaban hospedadas, y mudarse al Hotel Home Buenos Aires,
en Honduras al 5800. Acompañadas por su grupo de amigas,
Bárbara y Jenna compartieron una cena el jueves 23
en “La Jangada”, en la esquina de Carranza y Honduras,
donde, desafiando nuevamente su suerte, se sentaron en dos
mesas ubicadas sobre la vereda.
A la vuelta del lugar, una camioneta del servicio secreto
aguardaba atento ante cualquier imprevisto. Todo ocurría
sin problemas hasta que un camión de bomberos quebró
la tranquilidad de la noche. El hecho alertó a Bárbara,
que se comunicó rápidamente con sus custodios,
quienes comprobaron que sólo se trataba de un pequeño
incendio a media cuadra del lugar. Luego del susto, las “First
Daughters” y sus amigas probaron un menú especializado
en pescados de río. El dueño del lugar, Ricardo
Annichini, ex integrante de Los Pumas en los años ochenta,
las atendió especialmente y les sugirió el menú:
empanada de pescado y luego, de plato principal, un pajú
despinado a la parrilla, una boga y un salmón rosado,
que acompañaron con ensaladas de palmitos, ananá,
hojas verdes y dados de pollo. Lo acompañaron con tres
botellas de vino San Felicient Malbec, de las bodegas Catena
Zapata.
Cercadas por un intenso operativo de seguridad, Bárbara
y Jenna siguieron su intenso tour por Buenos Aires. En su
visita fueron seducidas por el barrio de Palermo Soho, donde
pasaron gran parte de su tiempo. Allí compraron una
musculosa, una campera de cuero y botas de gamuza color rojo
en el local de De la Ostia. Allí, Jenna Bush gastó
1280 pesos. Pagó 300 dólares en efectivo y 380
pesos según figura en el ticket de la tarjeta de crédito
que lleva su firma. Acostumbradas a vestir diseños
exclusivos, las mellizas se dejaron seducir por la calidad
del cuero y las texturas argentinas. El sábado por
la mañana recibieron el llamdo de su famoso padre.
¿Motivo? Felicitarlas por el cumpleaños número
25. Esa noche festejaron en el resto-bar “El Diamante”,
en Malabia y El Salvador, donde también degustaron
pescados de río y cantaron el “happy birthday”
con su grupo de amigos. Allí llegaron rodeadas por
cinco autos de su equipo de seguridad personal. Elegantes,
dejaron el lugar cerca de la medianoche. Siempre escoltadas
por sus custodios quienes evitaron que cualquier personas
desconocida se les acercara.
Unos días antes visitaron el taller del reconocido
orfebre Juan Carlos Pallarols. Vestidas de manera informal
y en compañía de cinco mujeres y cinco hombres
recorrieron el lugar y quedaron sorprendidas con la escultura
de Evita, conocida en el mundo entero. Luego se dirigieron
hacia la biblioteca donde se encuentran las colecciones de
lapiceras realizadas por el orfebre, y por las que obtuvo
el premio “Pen World International” en la exposición
del “Artesano individual del mundo”, en Washington.
“Esa mañana abrí mi taller especialmente
para recibirlas a ellas. Antes me había llamado una
persona para decirme que las hijas de un empresario petrolero
de Houston querían ver mis obras. Se quedaron maravilladas
con la belleza de Evita”, dijo Pallarols.
El domingo, desafiando una vez más su suerte debido
al contexto violento que envuelve al fútbol argentino,
las chicas Bush presenciaron el partido Boca-Colón,
en la Bombonera. Desde la segunda fila del Palco Oficial —Macri
estaba en Europa— Jenna y Bárbara vistieron la
camiseta de Boca y quedaron maravilladas por la fiesta que
se vivía en las tribunas. En el entretiempo probaron
sandwiches de lomito caliente, tomaron agua mineral y hablaron
abiertamente con quienes se les acercaron, siempre asistidas
por una traductora. Llamativamente, en otro sector del mítico
estadio, Diego Maradona (46), con una boina de Fidel Castro,
inauguraba su propia estatua. Sus colaboradores prefirieron
no transimitirle la noticia de que las hijas de Bush estaban
en el estadio para no generarle ningún malestar. Diez
minutos antes de terminar el partido, las mellizas dejaron
la cancha. Luego de vivir una de las máximas fiestas
del fútbol, Bárbara Bush preparó sus
valijas y regresó a su país a las 21:40 en el
vuelo 956 de American Airlines. Mientras tanto, su hermana
Jenna decidió quedarse en el país. Parece que
el amor golpeó su corazón y ella quiere intentarlo.
En la Casa Blanca, dicen, su padre aún la deberá
esperar.
Por Rebeca Peiró y Diego Esteves
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Domingo 26, La Bombonera: vistiendo la camiseta
de Boca, Bárbara y Jenna vibraron con la hinchada desde la
segunda fila del Palco Oficial. Las mellizas Bush vivieron
una apasionante tarde de fútbol.
Al salir del lugar, las mellizas fueron rodeadas
por su custodia personal y, para evitar a los fotógrafos,
se arrojaron dentro del vehículo que las esperaba. En su interior,
la seguridad planificaba el próximo destino.
Bárbara Bush fue una de las más admiradas
del palco por su belleza. Con sus ojos azules siguió atentamente
cada momento del partido y gritó los goles de Boca.
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