Jamás profesía
alguna sobre el advenimiento de un octavo pecado capital en
la tradición judeo cristiana, ni teoría griega
que marque indicios. Sin embargo y casi por sorpresa para
muchos, la nueva transgresión a cualquier ley divina
desembarcó en la Isla de CARAS. Provocadora natural
de la nómina entera y carne de cada uno de ellos, se
confiesa sin buscar absolución: el pecado Lola Ponce
(25).
Casi siete años atrás, cuando Pol-Ka creyó
tenerla entre sus garras, llegó la promesa de Esmeralda.
Bajo su piel, protagonizó El Jorobado de París
por el viejo continente. Es la estrella de la RAI, y mientras
sus discos hacen giros sin fronteras, en Hollywood, un camarín
se prepara con su nombre en una estrella. Hace algún
tiempo, un productor italiano le dijo: “Tu pecado es
haberte adueñado del poder de la conquista”.
Y si la ganancia de la voluntad y el ánimo a través
de la belleza, el talento con carisma y la seducción
es un hecho imperdonable, ya hay millones entregados a las
llamas de un infierno muy caliente.
El pecado nacional: dejarla partir. “No, ese pecado
no está cometido, porque aquí aún no
hice lo que debo. Tal vez sea yo quien pecó por irse
tras las propuestas. Cuando volví, los productores
pecaron por no entender lo que yo pretendía. Lo mismo
por lo que hoy me valoran.”
Volver. “Lo poco que hice en mi país fueron aperitivos,
mi gran momento está por llegar. Aprendí que
para conseguir algo en este circo hay que hablar con los dueños
y no con los payasos y que está bueno comenzar por
lo más alto, porque exige la excelencia. Siempre supe
lo que tenía para dar, pero sólo los europeos
pudieron percibirlo. Maduré, y siento que vivo el instante
del regreso.”
En el confesonario más silvestre y no por eso más
común, Lola desnuda el primero en la lista de los pecados
que paradójicamente son el perdón de todas sus
culpas.
La Gula.
—¿Regresa para devorar el país?
—Vengo a reencontrarme y a buscar contención
y guía. Me hice camino en Europa, sola y sin miedo.
Pero la tierra de uno es el mejor espejo: hay códigos,
y un feedback que confirma si un paso es correcto. El artista
debe tener un equipo “colchón”, que ataje,
sane y entienda. Jamás tuve cerca gente idónea
que me ayude a resolver mi carrera.
—¿Es la “hija pródiga” de
Suar?
—Con Adrián tengo proyectos, pero no encontramos
el tiempo justo para desarrollarlos. De él recibí
una propuesta para un protagónico de Pol-Ka. Simultáneamente
surgió lo de “El jorobado de París”
y preferí a Esmeralda. Si se concreta, sería
la cereza de la torta. El me esperó, debo hacerlo yo,
sin dudas.
—¿Qué fagocita con pasión?
—Las comidas hechas con amor. Las tortas de la Isla
de CARAS, los asados de papá, la ensalada rusa de mamá,
las empanadas, que sólo como en casa porque no puedo
ni probarlas en otro lado. Soy muy golosa, el chocolate me
hace bien y la nutella, en Italia, fue el mejor reemplazo
del dulce de leche.
La lujuria.
—¿Qué la enciende?
—La verdad, la sensualidad, la masculinidad y el respeto
en un hombre, me genera deseos.
—El deseo de los demás. ¿Cómo se
juega?
—La diversión de provocar, en mi caso, tiene
que ver con la exploración de mí misma. Cuando
era chica, me decían “el imán” porque
aun sin tacos ni actitud ni voluntad, generaba lo mismo que
hoy en día. Soy consciente de lo que puedo causar y
no deja de ser un juego inocente.
Pocos meses atrás, Lola fue invitada en calidad de
figura estelar como el resto de la nómina que desfiló
por la alfombra roja, a la apertura del Festival de Cine de
Roma. Luego del show que ofreció en los jardines del
palacio, alguien se acercó para decirle que Leonardo
Di Caprio insistía en conocerla. ¿Hubo fuego
en la mirada? “Tengo en claro, o al menos eso me dejó
saber, que mi voz fue lo que llamó su atención.
Una evaluación genuina, porque fue lo primero que conoció
de mí, primero me escuchó y luego me buscó.
Yo he tomado el encuentro como un hecho meramente artístico,
fue galante y dulce conmigo. Ningún hombre me había
dicho un piropo como el de esa noche: ‘tu voz es como
la de un angel’. Me mató”, confesó
Ponce.
—¿Sigue de novia con Manuel, el abogado italiano
que se convirtió en su pareja a poco de llegar allí?
—Ya no. Ni siquiera hablamos. Hemos tomado distancia
de corazones, mucho más peligrosa que la física.
—¿Lo extraña?
—Para nada. ¿Eso es terrible, no?. Vivo una etapa
de exploración interna, necesito confirmar qué
es lo que quiero de un hombre. Aun así, nunca quito
mis apuestas al amor.
—¿Qué la ha desanimado tanto?
—La desilusión, que no es más que el dolor
por la pérdida de tiempo. Siendo tan efusivamente expresiva,
desanima darse cuenta de que el otro no vio, no escuchó,
o peor aun, no quiso hacerlo. Ya pasó el mal trago,
pero deja secuelas.
—Su modo de amar.
—Para siempre. Soy determinante cuando amo, si quiero,
quiero y si no, evito jugar con los afectos propios y ajenos,
porque creo que es una pérdida de tiempo. El amor me
corrompe y eso hace que no pueda pensar correctamente. Es
cuando me desobedezco como mujer fuerte y segura, pero no
hay nada más divino que esa rebeldía.
—¿Prefiere un marido argentino o italiano?
—El día que me case, será con el padre
de mis hijos. Deberá tener “eso” que lo
haga único, amigos, profesión, sus propias actividades.
Aún no se dónde, pero sí, que está
para mí en algún lado de la tierra.
—¿Italia devolvió una mujer?
—Sí. Me convertí de adolescente a madonna
en Roma. ¡La voglia che te fai donna!, debí ser
mi propia madre, mi confidente, mi manager. La soledad a veces
es cruel. Pero creo que el cierre del ciclo de conversión
total será en Argentina. Nunca he sido tan libre como
en mi país.
—¿En la intimidad es tan audaz como en las fotografías?
—Mmmm...las fotos son poses estáticas. Quedan
por comprobar otros cuatro sentidos.
—¿Los hombres italianos hacen buenos regalos?
—Es raro, pero no recibo regalos. A pesar del imaginario
general, me ocupo de preservar mi intimidad cuando bajo del
escenario. De hecho, casi nadie tiene mi teléfono en
Europa y tampoco he sido nunca la mujer que se deja seducir
con el primer llamado. Cuesta mucho convencerme de que acepte
una salida.
—¿Es difícil?
—Soy única.
—¿Hubo hombres que no se dieron cuenta de lo
que tenían al lado?
—No...(se ríe).
—Por ejemplo, su ex Mariano Martínez está
soltero.
—Ah, ¿sí?. Hace mucho tiempo que no hablamos.
Es sólo un buen amigo.
Para muchos y en especial para quien ya no la tiene al lado,
aquí se acerca el próximo pecado.
La ira. “Es un acto de ida. Quedaría mal si confieso
que en esos momentos rompo cosas, pero debe simbolizar lo
irreversible de lo que o de quien la ha provocado”.
—¿Qué la desata?
—La injusticia me desarma en furia. Antes de venir,
estaba en un bar de Roma con una amiga. Entró un señor
marroquí para vender flores, entonces, el dueño
del lugar lo tomó de la ropa, lo insultó y lo
sacó del local con violencia. Vi una lágrima
en la cara del florista y no pude contenerme. Me acerqué
al propietario, y mirándolo de arriba, porque era bajito,
le dijo de todo. Me senté, hicimos entrar al marroquí
y compramos todas las flores que llevaba. Esa noche, no pude
dormir pensando en la indiferencia de la gente que estaba
en las mesas y la impunidad de aquel violento.
—La ira contra ud. misma.
–Detesto cuando soy caprichosa. Cuando uno es chico
puede funcionar, pero una señorita de mi edad ya no
puede sostener esas conductas. Aunque suene paradójico,
suelo tener algunos pequeños gestos odiosos con aquellos
que amo. Tal vez les doy tanto, que pretendo que ellos reciban
de mí también un poco de castigo.
La pereza.
—Lo que más cuesta.
—Levantarme temprano. Duermo diez horas diarias, porque
el descanso es vital en mi carrera. Otra de las cosas en las
que soy demasiado perezosa es en remarcar el error a quien
creo que se equivoca. Me da pareza retomar la relación
después de un descuido que me dañe.
—Temores.
—En “Fearless”, mi disco anterior, hacía
honor a la valentía. Pero ahora comenzaron a asomar
los temores, principalmente a la muerte de mi gente. Siete
años de lejanía dieron fuerza a ese sentimiento.
—Tiempos de ocio.
—No tengo. Odio perder el tiempo. Cuando no trabajo,
ocupo mis horarios con las clases de baile, canto o lo que
sea. Vivo de día, la noche no es lo mío. Me
fascina estar en casa, con una buena comida y un buen vino
rosso.
La envidia. “No me gusta esa palabra. Creo que sin nombrarla
y siendo inteligente la bloqueo. No existe nada más
feo que sentirla.”
—¿La conoce?
—Desde adolescente fui celada. Quienes creía
que eran mis amigas nunca se alegraron de lo bien que me iba.
Y a mí, siempre me han salido halagos para quienes
lo merecían.
—Entonces, digámoslo así: ¿hay
algo de alguien que ud. quisiera tener?
—El equilibrio de mi hermana. Es joven, linda, profesional,
tiene un amor, hijos divinos, es culta e inteligente. Algo
así cómo “la súper mujer”,
a mí me falta el amor, el ingrediente más importante.
—Su gran rival.
—Yo misma, la única y la peor de mis contrincantes.
Por eso siempre digo que si alguien quiere superar a Lola
Ponce o tan sólo ser como ella, que Dios lo bendiga.
—Amuletos personales para contrarrestrar.
—Nadie puede contra la bendición de mi madre.
Tengo una caja con cientos de mariposas recortadas, dibujadas
y estampadas, sorpresas de los huevos de chocolate, y regalos
de mis padres que involucran un recuerdo especial.
—¿Está preparada para un país que
no siempre puede perdonar el éxito?
—Estoy dispuesta a cambiar ese concepto. Soy una mujer
moderna que representa a una nueva generación que madura
con rapidez. No entiendo que la gente no sepa apreciar a quien
se ha esforzado y le de rating a quienes producen por producir,
contenidos de baja calidad artística y resoluciones
facilistas. Encontré el personaje justo para abrirme
espacio en Argentina y mi música significará
un gran cambio.
La codicia. “No hay más rico que el que no necesita
nada. Cuanto menos tengo más libre vivo. Sólo
codicio afecto y gran parte del potencial del artista debe
ser la necesidad de acumularlo”.
—Su ataque de avaricia.
—La siento con los proyectos, con la información
cuando busco aprender, con el amor de la gente que quiero.
—Lo que escatima.
—El dinero para comprarme ropa. Todo lo que gano lo
gasto en regalos para los demás. Me salvan los obsequios
de algunos diseñadores. Debo confesar, si no los recibiese
no se qué pasaría (se ríe). Escatimo
datos de mi intimidad, con el peor de los egoísmos.
Dejar algo para uno siempre fortalece.
—¿Quién pelea su caché?
—Tengo abogados españoles que regulan mis contratos,
soy híper exigente en lo económico y con el
paso del tiempo estoy más habil para negociar. De todos
modos, mis proyectos nunca dependieron de la paga.
—Siete años de ganar en euros. ¿Da miedo
volver a un país devaluado?
—No pienso en eso y la decisión de volver a la
Argentina en 2007 está tomada. Será el año
del gran golpe.
La soberbia. “El artista debe ser soberbio y está
bueno que así sea. En mi caso la despliego sobre el
escenario sin repetir a nadie, siendo genuina y provocativa”.
—Si debiera jactarse...
—De la experiencia laboral en tantos países,
de la cantidad de gente que he conocido, de lo que pudieron
ver mis ojos. Lo vivido me pone sobre el camino hacia el título
de la argentina número uno. ¿Por qué
no?, me preparo para eso con toda humildad y respeto. La soberbia
queda en el palco, cuando bajo, sigo siendo la misma.
—El mérito de llegar lejos.
—Soy una artista de “strada”, me hice de
abajo, con fuerza, fe y observación. Encarnar a Esmeralda
en “El Jorobado de París” fue lo más
reconocido de mi carrera. Pero para mí, tiene el mismo
valor que el show que hacía con mi hermano cuando tenía
ocho años. Todo se sucedió, con causas y efectos.
De chica soñaba con cantar en San Remo, y no sólo
lo hice, sino que luego edité un álbum con los
productores de mis ídolos, Madonna y Michael Jackson,
caminé por la alfombra roja, conocí a grandes
figuras de Hollywood, y muy pronto entraré en la industria
de esa ciudad en el rol de Adriana, la novia más amada
de Ernest Hemingway en el film biográfico del escritor.
Voy por más, no se deben detener los sueños.
—¿Y nunca se la creyó ni un poco?
—El día en que esté consciente de eso
me retiro, porque sería como apagar mi brillo. Sería
la señal más obvia de que ya no me divierte
lo que hago y entonces, dejaría de ser libre.
—Sabe que es muy atractiva. ¿Cómo regula
el engranaje de la vanidad?
—La belleza es un estado emocional y mental, y últimamente
no dejo de ver bellezas esclavas. Personas lindas que no se
permiten serlo porque algo en su interior no anda bien. Estoy
de acuerdo con todo lo que esté al alcance para ser
estéticamente correcta, según los cánones
sociales, pero sólo estoy pendiente de ser feliz.
—Pero baja a desayunar maquillada y con tacos...
—Tal vez lo haga para lograr el equilibrio. Quiero mucho
a la Lola del escenario y cuando bajo, la llevo conmigo en
todos mis accesorios. En Rosario tengo a mi estilista personal,
pero me aburre hacer tratamientos. Tomo alguna cura de maquillaje,
uso cremas y perfumes y selecciono muy bien cada prenda que
uso. Gozo la vida, como lo que me gusta pero en dosis moderadas.
El resto, son horas de baile que sacuden calorías.
La Isla de CARAS, tierra de pecadores. “La naturaleza
es más soberbia que cualquiera. Dormí cientos
de horas y nunca me sentí tan perezoza. He tenido fantasías
que prefiero reservar, me siento codiciosa cuando pretendo
llevarme conmigo a todos los que me recibieron, los colores,
aromas y sabores de este lugar. Padecí la gula con
las tortas del chef y me enfurecí cuando se me rompió
la bikini en plena sesión. Y debuté con la envidia,
porque todos pudieron levantarse para disfrutar del paraíso
más temprano que yo.”
Por Sebastián Soldano | Fotos
C.WELCOMME Y K.FORTUNATO / PERFIL |
La gula de Lola se despierta ante las comidas
hechas con verdadero amor.
Su lujuria se enciende frente a una masculinidad
que contenga importantes dosis de ternura y fantasía. La injusticia
desata su ira, de la que sólo se descarga rompiendo objetos.
La actitud que despliega en los escenarios europeos inspiró
a Lola al posar como La Soberbia. Valeria, de Mabby Auttino,
enfatizó con el maquillaje su gesto. Usó sombra ónix mousse
para darle un toque vanguardista. |