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  Año XX | Nº 1305| Edición del 9 de enero de 2007
Lola Ponce y los siete pecados capitales
En la Isla de CARAS, posó ante la cámara encarnando la gula, la lujuria, la ira, la pereza, la envidia, la codicia y la soberbia, y confesó sus propias tentaciones.
 

Jamás profesía alguna sobre el advenimiento de un octavo pecado capital en la tradición judeo cristiana, ni teoría griega que marque indicios. Sin embargo y casi por sorpresa para muchos, la nueva transgresión a cualquier ley divina desembarcó en la Isla de CARAS. Provocadora natural de la nómina entera y carne de cada uno de ellos, se confiesa sin buscar absolución: el pecado Lola Ponce (25).
Casi siete años atrás, cuando Pol-Ka creyó tenerla entre sus garras, llegó la promesa de Esmeralda. Bajo su piel, protagonizó El Jorobado de París por el viejo continente. Es la estrella de la RAI, y mientras sus discos hacen giros sin fronteras, en Hollywood, un camarín se prepara con su nombre en una estrella. Hace algún tiempo, un productor italiano le dijo: “Tu pecado es haberte adueñado del poder de la conquista”. Y si la ganancia de la voluntad y el ánimo a través de la belleza, el talento con carisma y la seducción es un hecho imperdonable, ya hay millones entregados a las llamas de un infierno muy caliente.
El pecado nacional: dejarla partir. “No, ese pecado no está cometido, porque aquí aún no hice lo que debo. Tal vez sea yo quien pecó por irse tras las propuestas. Cuando volví, los productores pecaron por no entender lo que yo pretendía. Lo mismo por lo que hoy me valoran.”
Volver. “Lo poco que hice en mi país fueron aperitivos, mi gran momento está por llegar. Aprendí que para conseguir algo en este circo hay que hablar con los dueños y no con los payasos y que está bueno comenzar por lo más alto, porque exige la excelencia. Siempre supe lo que tenía para dar, pero sólo los europeos pudieron percibirlo. Maduré, y siento que vivo el instante del regreso.”
En el confesonario más silvestre y no por eso más común, Lola desnuda el primero en la lista de los pecados que paradójicamente son el perdón de todas sus culpas.
La Gula.
—¿Regresa para devorar el país?
—Vengo a reencontrarme y a buscar contención y guía. Me hice camino en Europa, sola y sin miedo. Pero la tierra de uno es el mejor espejo: hay códigos, y un feedback que confirma si un paso es correcto. El artista debe tener un equipo “colchón”, que ataje, sane y entienda. Jamás tuve cerca gente idónea que me ayude a resolver mi carrera.
—¿Es la “hija pródiga” de Suar?
—Con Adrián tengo proyectos, pero no encontramos el tiempo justo para desarrollarlos. De él recibí una propuesta para un protagónico de Pol-Ka. Simultáneamente surgió lo de “El jorobado de París” y preferí a Esmeralda. Si se concreta, sería la cereza de la torta. El me esperó, debo hacerlo yo, sin dudas.
—¿Qué fagocita con pasión?
—Las comidas hechas con amor. Las tortas de la Isla de CARAS, los asados de papá, la ensalada rusa de mamá, las empanadas, que sólo como en casa porque no puedo ni probarlas en otro lado. Soy muy golosa, el chocolate me hace bien y la nutella, en Italia, fue el mejor reemplazo del dulce de leche.
La lujuria.
—¿Qué la enciende?
—La verdad, la sensualidad, la masculinidad y el respeto en un hombre, me genera deseos.
—El deseo de los demás. ¿Cómo se juega?
—La diversión de provocar, en mi caso, tiene que ver con la exploración de mí misma. Cuando era chica, me decían “el imán” porque aun sin tacos ni actitud ni voluntad, generaba lo mismo que hoy en día. Soy consciente de lo que puedo causar y no deja de ser un juego inocente.
Pocos meses atrás, Lola fue invitada en calidad de figura estelar como el resto de la nómina que desfiló por la alfombra roja, a la apertura del Festival de Cine de Roma. Luego del show que ofreció en los jardines del palacio, alguien se acercó para decirle que Leonardo Di Caprio insistía en conocerla. ¿Hubo fuego en la mirada? “Tengo en claro, o al menos eso me dejó saber, que mi voz fue lo que llamó su atención. Una evaluación genuina, porque fue lo primero que conoció de mí, primero me escuchó y luego me buscó. Yo he tomado el encuentro como un hecho meramente artístico, fue galante y dulce conmigo. Ningún hombre me había dicho un piropo como el de esa noche: ‘tu voz es como la de un angel’. Me mató”, confesó Ponce.
—¿Sigue de novia con Manuel, el abogado italiano que se convirtió en su pareja a poco de llegar allí?
—Ya no. Ni siquiera hablamos. Hemos tomado distancia de corazones, mucho más peligrosa que la física.
—¿Lo extraña?
—Para nada. ¿Eso es terrible, no?. Vivo una etapa de exploración interna, necesito confirmar qué es lo que quiero de un hombre. Aun así, nunca quito mis apuestas al amor.
—¿Qué la ha desanimado tanto?
—La desilusión, que no es más que el dolor por la pérdida de tiempo. Siendo tan efusivamente expresiva, desanima darse cuenta de que el otro no vio, no escuchó, o peor aun, no quiso hacerlo. Ya pasó el mal trago, pero deja secuelas.
—Su modo de amar.
—Para siempre. Soy determinante cuando amo, si quiero, quiero y si no, evito jugar con los afectos propios y ajenos, porque creo que es una pérdida de tiempo. El amor me corrompe y eso hace que no pueda pensar correctamente. Es cuando me desobedezco como mujer fuerte y segura, pero no hay nada más divino que esa rebeldía.
—¿Prefiere un marido argentino o italiano?
—El día que me case, será con el padre de mis hijos. Deberá tener “eso” que lo haga único, amigos, profesión, sus propias actividades. Aún no se dónde, pero sí, que está para mí en algún lado de la tierra.
—¿Italia devolvió una mujer?
—Sí. Me convertí de adolescente a madonna en Roma. ¡La voglia che te fai donna!, debí ser mi propia madre, mi confidente, mi manager. La soledad a veces es cruel. Pero creo que el cierre del ciclo de conversión total será en Argentina. Nunca he sido tan libre como en mi país.
—¿En la intimidad es tan audaz como en las fotografías?
—Mmmm...las fotos son poses estáticas. Quedan por comprobar otros cuatro sentidos.
—¿Los hombres italianos hacen buenos regalos?
—Es raro, pero no recibo regalos. A pesar del imaginario general, me ocupo de preservar mi intimidad cuando bajo del escenario. De hecho, casi nadie tiene mi teléfono en Europa y tampoco he sido nunca la mujer que se deja seducir con el primer llamado. Cuesta mucho convencerme de que acepte una salida.
—¿Es difícil?
—Soy única.
—¿Hubo hombres que no se dieron cuenta de lo que tenían al lado?
—No...(se ríe).
—Por ejemplo, su ex Mariano Martínez está soltero.
—Ah, ¿sí?. Hace mucho tiempo que no hablamos. Es sólo un buen amigo.
Para muchos y en especial para quien ya no la tiene al lado, aquí se acerca el próximo pecado.
La ira. “Es un acto de ida. Quedaría mal si confieso que en esos momentos rompo cosas, pero debe simbolizar lo irreversible de lo que o de quien la ha provocado”.
—¿Qué la desata?
—La injusticia me desarma en furia. Antes de venir, estaba en un bar de Roma con una amiga. Entró un señor marroquí para vender flores, entonces, el dueño del lugar lo tomó de la ropa, lo insultó y lo sacó del local con violencia. Vi una lágrima en la cara del florista y no pude contenerme. Me acerqué al propietario, y mirándolo de arriba, porque era bajito, le dijo de todo. Me senté, hicimos entrar al marroquí y compramos todas las flores que llevaba. Esa noche, no pude dormir pensando en la indiferencia de la gente que estaba en las mesas y la impunidad de aquel violento.
—La ira contra ud. misma.
–Detesto cuando soy caprichosa. Cuando uno es chico puede funcionar, pero una señorita de mi edad ya no puede sostener esas conductas. Aunque suene paradójico, suelo tener algunos pequeños gestos odiosos con aquellos que amo. Tal vez les doy tanto, que pretendo que ellos reciban de mí también un poco de castigo.
La pereza.
—Lo que más cuesta.
—Levantarme temprano. Duermo diez horas diarias, porque el descanso es vital en mi carrera. Otra de las cosas en las que soy demasiado perezosa es en remarcar el error a quien creo que se equivoca. Me da pareza retomar la relación después de un descuido que me dañe.
—Temores.
—En “Fearless”, mi disco anterior, hacía honor a la valentía. Pero ahora comenzaron a asomar los temores, principalmente a la muerte de mi gente. Siete años de lejanía dieron fuerza a ese sentimiento.
—Tiempos de ocio.
—No tengo. Odio perder el tiempo. Cuando no trabajo, ocupo mis horarios con las clases de baile, canto o lo que sea. Vivo de día, la noche no es lo mío. Me fascina estar en casa, con una buena comida y un buen vino rosso.
La envidia. “No me gusta esa palabra. Creo que sin nombrarla y siendo inteligente la bloqueo. No existe nada más feo que sentirla.”
—¿La conoce?
—Desde adolescente fui celada. Quienes creía que eran mis amigas nunca se alegraron de lo bien que me iba. Y a mí, siempre me han salido halagos para quienes lo merecían.
—Entonces, digámoslo así: ¿hay algo de alguien que ud. quisiera tener?
—El equilibrio de mi hermana. Es joven, linda, profesional, tiene un amor, hijos divinos, es culta e inteligente. Algo así cómo “la súper mujer”, a mí me falta el amor, el ingrediente más importante.
—Su gran rival.
—Yo misma, la única y la peor de mis contrincantes. Por eso siempre digo que si alguien quiere superar a Lola Ponce o tan sólo ser como ella, que Dios lo bendiga.
—Amuletos personales para contrarrestrar.
—Nadie puede contra la bendición de mi madre. Tengo una caja con cientos de mariposas recortadas, dibujadas y estampadas, sorpresas de los huevos de chocolate, y regalos de mis padres que involucran un recuerdo especial.
—¿Está preparada para un país que no siempre puede perdonar el éxito?
—Estoy dispuesta a cambiar ese concepto. Soy una mujer moderna que representa a una nueva generación que madura con rapidez. No entiendo que la gente no sepa apreciar a quien se ha esforzado y le de rating a quienes producen por producir, contenidos de baja calidad artística y resoluciones facilistas. Encontré el personaje justo para abrirme espacio en Argentina y mi música significará un gran cambio.
La codicia. “No hay más rico que el que no necesita nada. Cuanto menos tengo más libre vivo. Sólo codicio afecto y gran parte del potencial del artista debe ser la necesidad de acumularlo”.
—Su ataque de avaricia.
—La siento con los proyectos, con la información cuando busco aprender, con el amor de la gente que quiero.
—Lo que escatima.
—El dinero para comprarme ropa. Todo lo que gano lo gasto en regalos para los demás. Me salvan los obsequios de algunos diseñadores. Debo confesar, si no los recibiese no se qué pasaría (se ríe). Escatimo datos de mi intimidad, con el peor de los egoísmos. Dejar algo para uno siempre fortalece.
—¿Quién pelea su caché?
—Tengo abogados españoles que regulan mis contratos, soy híper exigente en lo económico y con el paso del tiempo estoy más habil para negociar. De todos modos, mis proyectos nunca dependieron de la paga.
—Siete años de ganar en euros. ¿Da miedo volver a un país devaluado?
—No pienso en eso y la decisión de volver a la Argentina en 2007 está tomada. Será el año del gran golpe.
La soberbia. “El artista debe ser soberbio y está bueno que así sea. En mi caso la despliego sobre el escenario sin repetir a nadie, siendo genuina y provocativa”.
—Si debiera jactarse...
—De la experiencia laboral en tantos países, de la cantidad de gente que he conocido, de lo que pudieron ver mis ojos. Lo vivido me pone sobre el camino hacia el título de la argentina número uno. ¿Por qué no?, me preparo para eso con toda humildad y respeto. La soberbia queda en el palco, cuando bajo, sigo siendo la misma.
—El mérito de llegar lejos.
—Soy una artista de “strada”, me hice de abajo, con fuerza, fe y observación. Encarnar a Esmeralda en “El Jorobado de París” fue lo más reconocido de mi carrera. Pero para mí, tiene el mismo valor que el show que hacía con mi hermano cuando tenía ocho años. Todo se sucedió, con causas y efectos. De chica soñaba con cantar en San Remo, y no sólo lo hice, sino que luego edité un álbum con los productores de mis ídolos, Madonna y Michael Jackson, caminé por la alfombra roja, conocí a grandes figuras de Hollywood, y muy pronto entraré en la industria de esa ciudad en el rol de Adriana, la novia más amada de Ernest Hemingway en el film biográfico del escritor. Voy por más, no se deben detener los sueños.
—¿Y nunca se la creyó ni un poco?
—El día en que esté consciente de eso me retiro, porque sería como apagar mi brillo. Sería la señal más obvia de que ya no me divierte lo que hago y entonces, dejaría de ser libre.
—Sabe que es muy atractiva. ¿Cómo regula el engranaje de la vanidad?
—La belleza es un estado emocional y mental, y últimamente no dejo de ver bellezas esclavas. Personas lindas que no se permiten serlo porque algo en su interior no anda bien. Estoy de acuerdo con todo lo que esté al alcance para ser estéticamente correcta, según los cánones sociales, pero sólo estoy pendiente de ser feliz.
—Pero baja a desayunar maquillada y con tacos...
—Tal vez lo haga para lograr el equilibrio. Quiero mucho a la Lola del escenario y cuando bajo, la llevo conmigo en todos mis accesorios. En Rosario tengo a mi estilista personal, pero me aburre hacer tratamientos. Tomo alguna cura de maquillaje, uso cremas y perfumes y selecciono muy bien cada prenda que uso. Gozo la vida, como lo que me gusta pero en dosis moderadas. El resto, son horas de baile que sacuden calorías.
La Isla de CARAS, tierra de pecadores. “La naturaleza es más soberbia que cualquiera. Dormí cientos de horas y nunca me sentí tan perezoza. He tenido fantasías que prefiero reservar, me siento codiciosa cuando pretendo llevarme conmigo a todos los que me recibieron, los colores, aromas y sabores de este lugar. Padecí la gula con las tortas del chef y me enfurecí cuando se me rompió la bikini en plena sesión. Y debuté con la envidia, porque todos pudieron levantarse para disfrutar del paraíso más temprano que yo.”

Por Sebastián Soldano | Fotos C.WELCOMME Y K.FORTUNATO / PERFIL

La gula de Lola se despierta ante las comidas hechas con verdadero amor.


Su lujuria se enciende frente a una masculinidad que contenga importantes dosis de ternura y fantasía. La injusticia desata su ira, de la que sólo se descarga rompiendo objetos.


La actitud que despliega en los escenarios europeos inspiró a Lola al posar como La Soberbia. Valeria, de Mabby Auttino, enfatizó con el maquillaje su gesto. Usó sombra ónix mousse para darle un toque vanguardista.


Publicación semanal de Editorial Perfil S.A
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